
Nací en Tarragona, España, pero desde muy pequeña aprendí que pertenecer a un lugar no siempre es fácil.
A los siete años, mis padres decidieron regresar a Brasil, país donde parte de mi familia había reconstruido sus vidas tras emigrar durante la dictadura franquista. Fue la primera de muchas mudanzas. Entre España y Brasil, viví idas y venidas que me obligaron, incluso de niña, a empezar de cero varias veces: nuevas escuelas, nuevos amigos, nuevas formas de pensar y de vivir. En aquel entonces, no entendía del todo lo que sucedía. Simplemente sentía que siempre dejaba algo atrás.
Para sobrellevarlo, construí defensas. Me volví más exigente, más dura, acostumbrada a cargar con todo sola. Durante muchos años sentí que necesitaba adaptarme para ser aceptada, y a menudo me sentía como una extranjera, a veces en mi país natal, otras veces dentro de mí misma.
La vida siguió transformándome. Cuando nació mi hija, algo muy profundo en mi interior comenzó a abrirse. Fue como si, al mirarla, pudiera finalmente mirarme con mayor honestidad: redescubrir la ligereza, la sensibilidad y la capacidad de sentir que había mantenido ocultas durante tanto tiempo.
Años después, un diagnóstico de cáncer provocó una pausa aún más profunda. Un momento que me obligó a escuchar a mi cuerpo, a mis emociones y a todo aquello que había intentado controlar o silenciar durante tanto tiempo. Fue en este camino donde comprendí algo esencial: muchas de nuestras dificultades en las relaciones provienen de heridas que nunca aprendimos a examinar con atención.
La sanación comenzó primero en mi interior. Y es a partir de esta experiencia —humana, imperfecta y transformadora— que ahora acompaño a otras personas en sus propios procesos.
"Cuando aprendemos a reconciliarnos con nuestra historia, finalmente comenzamos a pertenecernos a nosotros mismos."
Sou Sandra Larios